
La revolución científica iniciada en el siglo XVI se debió, en gran parte, a que los científicos se plantearon preguntas dentro de un ámbito experimental y, desarrollando sus investigaciones más en el ámbito de los problemas físicos que de los meta físicos, al contrario de lo ocurrido con la ciencia de la Edad Media. Cuando los científicos centraron su atención en los fenómenos de la naturaleza, lo hicieron poniendo énfasis en las relaciones que se desprendían entre las variables que determinaban dicho fenómeno y que podían ser expresadas en términos matemáticos. Era necesario comparar las variables, relacionarlas, expresarlas mediante números y representarlas en algún sistema geométrico adecuado (este sistema sobrevino, con el sistema en coordenadas cartesianas conceptualizado por Descartes). La abstracción matemática hacía posible el descubrimiento de nuevas relaciones que los fenómenos no podían mostrar, obteniéndose de ésta forma, una notable aceleración del progreso científico.
En particular Leibniz utiliza por primera vez en la historia, la palabra "función" . A pesar de que a los 26 años de su vida poco o nada sabía de matemática, éste hombre un genio de su época, emprendió el estudio de esta disciplina recibiendo clases particulares en los intervalos de tiempo libre que le dejaba su trabajo de diplomático. En 1676, año en que se puso al servicio del duque Brunswick, descubrió el llamado Teorema Fundamental del Cálculo . En 1677, 12 años después de que Newton descubriera la misma teoría (el cálculo), Europa conoció sus trabajos. En menos de cincuenta años el cálculo pasaría a ser, en el continente, una herramienta de gran utilidad en la matemática y en las ciencias aplicadas.
El concepto de función indiscutiblemente permitió profundizar en el conocimiento de los fenómenos de la naturaleza y al mismo tiempo dió origen a diversas disciplinas, sin las cuáles, no existirían en la actualidad campos tan diversos en ingeniería, matemática y física teórica.
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